mi primer Camino con mochila

post #21

 

ufff, desde julio que no me pasaba por aquí… retomo el blog y espero no dejar de pasar por aquí una vez a la semana

Dicho esto, hoy te vengo a hablar de algo que viví hace un par de semanas. Estuvimos de vacaciones más de una semana haciendo el Camino de Santiago con la familia de Ignacio y pensarás… ¿y esto es una recomendación? ¡Que hoy se hace un alto en la semana y es miércoles de recomendaciones! Pues sí amigo, es una recomendación. Tengo que confesar que durante el Camino no lo veía como tal, no pensaba recomendarlo a la gente porque es algo duro y no me sentía en la condición de recomendarlo pero ya los últimos días me cambió la perspectiva y sin dudarlo es una experiencia que recomiendo al 100%, por esto llega…

un alto en la semana para recomendar cosas

 

Antes de ponerme al lío decir que no fue el Camino entero lo que hicimos. Fue el comienzo del Camino Aragonés (ya sabes que hay varios) desde Puerto de Somport hasta Puente de la Reina…no llegamos a Santiago. Es algo que al principio, antes de hacerlo, no me importaba mucho pero al llevar días caminando no sé explicar bien el motivo pero eché de menos el no llegar allí.

Os iré contando un poco mi experiencia tanto física como espiritual (aunque suene un poco místico, es una manera de llamarlo 😂 ) porque: el Camino es como la vida (jajajaja… frase que dije en un momento de post-comida y me miraron todos raros menos mi suegro-Ramón que asintió con la cabeza). Había escuchado a mucha gente eso de que el Camino es especial, que te mueve algo por dentro, que te hace pensar… y yo era un poco escéptica a todo la verdad. No entendía bien eso de caminar durante días, “sufrir” y encima que estuviera guay y te hiciera pensar y darte cuenta de cosas… pero me tengo que comer mis palabras y os iré contando algunas cosas de las que sentí o pensé esa semana.

Fueron 7 días enteros caminando. Empezó la cosa bien y tranquila con los dos primeros días con etapas entre 15-16 kilómetros para ir haciéndonos las piernas supongo a lo “bueno” que vendría después. Estos dos primeros días personalmente me encantaron, sobretodo el primero 💛. Por donde caminábamos era preciosisisisisimo, Pirineos a tope, bajada de montañas, NUBLADO con lluvia, todo gris, azul y verde, fresquito, pueblos pequeños con casas de madera… todo lo tengo en mi memoria y no lo quiero olvidar porque en un sitio así quiero vivir sí o sí.

Los zapatos que me llevé no eran los más indicados porque eran con la suela muuuuuy finita pero son los que no me hacían nada de daño y me daba miedo ir con algún otro que me pudiera hacer heridas. Lo sufrí, y bastante, porque el camino está lleno de piedras. Siempre había escuchado eso pero realmente es así: piedras que se me clavaban por la planta y me llegaba con un calambre hasta la rodilla que al principio era chungo pero una vez que ya llevaba un tiempo andando me hacía al dolor.

INCISO: no puedo poner ninguna foto bonita porque no saqué el móvil en casi todo el camino, solo lo saqué en alguna ocasión contada y era para hacer fotos de teléfonos de taxi que me encontraba por el camino. Si, tuve momentos de debilidad pero he de reconocer que no usé ninguno de esos teléfonos (aunque sí de otros taxis que tuvimos que pillar por fuerza mayor, luego te cuento con más detalle).

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Seguimos con las etapas, el tercer día ya fue algo más largo (22,5 kilometros) y aunque el plan era andar unos 10 kilómetros más hasta llegar a un albergue de un pueblo fantasma y sin habitantes… ninguno del grupo podía más, estábamos muy tocados porque la noche anterior no habíamos podido dormir apenas en el albergue y esta etapa estaba siendo muy dura (no por cuestas y montañas sino por todo lo contrario… nada de sombras, árido y calor, mucho calor que hizo que se me irritaran incluso las axilas y me salieran pompitas de ampollas y todo ya para el resto de días). Así que, decidimos un cambio de plan en la ruta unánime (nos saltábamos un día de andar y nos quitábamos la parte de etapa que nos quedaba y la del día siguiente). Sí, “hicimos trampa”, pero esto hay que disfrutarlo y “sufrir” hasta ciertos limites que nuestro cuerpo aguante. El Camino cada uno lo hace como puede y hasta donde puede y eso es algo que también he aprendido. No hay que forzarse, ni querer aparentar algo que no se puede o no se es, no me da vergüenza admitir que se me puso al opción de pillar taxi y la apoyé porque no podía más. Esto de pillar un taxi y decirlo abiertamente, también es algo como la vida misma, es decir: hay muchas veces que no sabemos algo, o hacemos algo erróneo o lo que sea… no hay que sentir vergüenza, ni ocultarlo ni mucho menos “mentir” sobre ello… se acepta tal cual y se cuenta tal cual es. No hay que inventar una hostoria alrededor de algo solo por ocultarlo, hay que ser claros y te darás cuenta que hay más gente como tú y te sentirás bien (aunque no haya más gente como tu te sentirás bien igualmente jejeje). Y al día siguiente, el cuarto, me quité también parte de la etapa porque me dolía mucho el dedo gordo del pie izquierdo y me salía pus de la uña y todo, estaba hinchado, rojo y con infección y decidí (ya que algunos se quitarían parte de etapa en taxi) unirme a ese clan y así reposar un poco el pie. Ese día, en lugar de 28 kms como hicieron parte del grupo hice solo 9 kms pero gracias a eso pude estar genial de mi dedo del pie el resto del día y hacer etapas largas como una campeona! 😀

Esto también me dio que pensar ya que muchas veces en nuestro día a día vamos como las locas, “haciéndonos daño” porque si vamos como las locas eso pasa factura al final por estrés y toda la pesca… y muchas veces es mejor bajar el ritmo un pelín solo para poder coger fuerzas e incluso para no llegar a “odiar” lo que estamos haciendo. Tuve un momento después del segundo día y al empezar el tercero que me preguntaba: ¿qué cojones (hablando mal, lo siento) hacía yo allí? y sinceramente, ese parón, ese respiro que hice al pillar el taxi, me vino fenomenal para poder seguir orgullosa de lo que estaba haciendo y con ganas de más. Quizás, si no hubiera puesto algo de freno no me hubiera traído este tan buen sabor de boca como traigo del Camino y no os lo estaría recomendando ahora…

Después de esto quedaban ya dos etapas de unos 18 kms cada una de ellas. La primera fue de montaña, por senderito pequeño donde solo entra una persona caminando y subiendo y bajando. Fue dura también sí, pero personalmente me gustó mucho. Prefiero ir entretenida caminando pensando dónde pisar para no tropezar que ir siempre en linea recta porque así, despues del esfuerzo de subir mucho mola llegar a la zona lisa y se disfruta mucho más. Esto también me dio por extrapolarlo a la vida real (no me llaméis loca jajaj) ya que siempre una vida igual, sin “subes ni bajas” no está hecha para mi… necesito algo un poco distinto cada día para así disfrutar esos momentos más monótonos, “más en línea recta” que también son necesarios y los necesito, ¡claro! 

La última etapa fue rara por la sensación que tenía: me daba pena que terminara ya pero por otro lado lo deseaba para poder volver a la vida real con la cantidad de sensaciones bonitas y experiencias que llevaba. No te lo he dicho pero al caminar no ibamos en grupo: cada uno llevaba su ritmo, algo básico y necesario ya que cada uno tiene una resistencia particular y un tamaño de piernas! Pero no por esto me he sentido sola. Es más, me ha encantado esa sensación de ir sola pero saber que en el fondo estoy con gente. Esa sensación de no ir con Ignacio pero saber que estaba pendiente en todo momento de mí y cada 2×3 me estaba esperando para ver si iba bien, me iba dando gritillos de apoyo, dándome chocolate… 

Me ha resultado también curioso la facilidad con la que pasaba de la impotencia infinita a la diversión y relajación total… En poco tiempo iba “maldiciendo” por el camino pero cuando todo pasaba olvidaba con una facilidad enorme lo mal que lo había pasado y rápido venían las risas con los demás recordando anécdotas.

El octavo día ya no caminamos y lo pasamos por Pamplona, que por cierto lo pillamos en fiestas y me gustó mucho la ciudad. De aquí nos fuimos a  Zaragoza para volver a Madrid, a la realidad.

Hay muchas, muchísimas anécdotas y sentimientos pero no me quiero alargar aquí mucho más, lo iré contando por entregas si eso 🙂

 

¿Volveré a hacer el Camino de Santiago?

Ahora puedo decir que POR SUPUESTO QUE SÍ y la próxima vez lo haré llegando a Santiago y con mi madre también

 

[icon color=”Extra-Color-3″ animation_speed=”Slow” size=”tiny” icon_size=”” animation_delay=”” image=”fa-music”] suena: step out – jose gonzalez  la tuve mucho en la cabeza durante mis caminatas solitarias, creo que por exceso de anuncios de Dentix, pero no me importa porque José González es muy bien

 

 

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2 comentarios en “mi primer Camino con mochila”

  1. Como me ha gustado leerte Ana. Que chulada de viaje. Y como me han gustado todas esas reflexiones. Me alegro muchísimo que te haya gustado la experiencia a pesar de los problemillas y lo duro del tema. Aunque no lo he hecho supongo que como bien dices es una matada pero a la vez algo super reconfortante y que engancha. Cada vez que alguien que ha ido me lo cuenta me entran más y más ganas de ir. En algún momento lo haré seguro.

    Un besote

    1. ¡qué ilusión Maite que te haya gustado! la experiencia fue genial pero de verdad que los primeros días no pensaba recomendarlo a nadie! jajaja… luego ya todo cambia y engancha 😀
      así que si puedes, hazlo en algún momento, que no te arrepentirás seguro!

      ¡un beso!

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